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Hoy vengo con receta tradicional de nuestra tierra…y con anécdota puesta, jajaja! Esta es mi preferida de esta época del año, la festividad de Todos los Santos 1 de Noviembre, aunque también la comemos en Carnaval y Cuaresma. Los tradicionales buñuelos de viento que te los puedes comer envueltos en azúcar sin más, o los rellenas de deliciosa crema pastelera o de una buena nata montada… o de chocolate, o de confitura….Bueno, os voy a ser sincera, en casa los comemos todo el año y no solo como postre sino también como plato salado!  Llevaba tiempo queriendo publicar un post con buñuelos…..pero casi no llego!!

Ahora os cuento y así entenderéis por qué tan pocos buñuelos en el plato y tan pocas fotos, para lo que os tengo acostumbrados! Y es que yo había planificado para esta semana una receta que nada tiene que ver con los buñuelos, pero justo mis hijos me pidieron este fin de semana pasado que les hiciera buñuelos y sin pensarlo dos veces me puse a ello. Una vez que ya nos habíamos comido la mayor parte de la bandeja (teníamos amigos en casa), y quedando estos que veis en las fotos (bueno, y algunos más pero menos fotogénicos), mi marido me dice ..”y estos buñuelos por que no los tienes en el blog?? Esta semana próxima es 1 de Noviembre”… Imaginaos, entré en pánico pues ya no quedaban casi buñuelos para fotografiar, ni tiempo para ponerme de nuevo a ello, con mis bodegones de ingredientes y alguna foto del paso a paso, jajaja!!!

Bueno, pocos o muchos, lo importante es que esta maravillosa receta quede plasmada en el blog para que cuando vengáis a buscarla, aquí la tengáis como una de mis favoritas!!

 

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Esta receta cuyos orígenes judíos se remontan al siglo X, llega hasta nuestros días convirtiéndose en receta de cabecera para celebración de muchas fechas señaladas de la cristiandad. Pues dependiendo de qué zonas de España, se consumen más en Todos los Santos, Carnaval o Cuaresma. Es una receta que aunque parezca complicada, es muy sencilla de elaborar, lo importante es saber darle el punto de fritura a los buñuelos con una temperatura adecuada del aceite, que no debe estar ni excesivamente caliente pues se nos resecaría la masa y no crecería además de quemarse por fuera y posiblemente quedar crudos por dentro; ni poco caliente, que haga que estos se vayan al fondo. Esto, como en muchas otras recetas (filloas o crepes, tortillitas de camarones…) la primera tanda es para probar y ajustar la temperatura, con lo cual mejor desecharla.

 

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En casa hemos probado muchas recetas, pero desde hace ya algún tiempo vengo haciendo esta en la que las cantidades las he ido adaptando a nuestro gusto, así es la mía. La verdad es que salen buenísimos. Como todo, pillarle el truco, pues los primeros siempre salen mas feos pero en seguida la práctica hace que vayan saliendo mejor. Yo reconozco que al principio los hacía con cuchara pero con manga pastelera salen más lisos y si te pones algo de aceite en las manos y te ayudas de ellas para dar forma a las bolitas antes de freír pues mejor! Intentad que las bolitas no excedan mucho de los 3/4 cms que después doblan su tamaño.

Para el relleno yo suelo rellenarlos de nata montada pues son los que más nos gustan, pero esta vez también hice una crema pastelera con los huevos de las gallinas de mis vecinos Vicente e Isabel y la verdad es que estaban de escándalo!

Venga, vamos con la receta que sé que la estáis esperando!!

 

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Buñuelos de viento {Receta tradicional}

Ingredientes para los buñuelos (25-30 unidades):

  • 200ml de agua mineral
  • 100ml de leche entera
  • 60g de mantequilla sin sal
  • 180g de harina de trigo tamizada
  • 3 huevos grandes
  • 1/2 cucharita de Levadura (Royal)
  • 1 cucharada de azúcar
  • chorrito de anís
  • pizca de sal
  • Aceite de oliva suave o girasol para freír
  • Azúcar para rebozar

Preparación:

Comenzamos poniendo el agua, la leche, el azúcar, la sal, el chorrito de anís y la mantequilla en un cazo a fuego medio-fuerte. Cuando se haya derretido todo y empiece a hervir, retiramos momentáneamente del fuego y vertemos la harina y la levadura (previamente tamizadas) de una sola vez. Volvemos a acercar al fuego esta vez más bajo y comenzamos a remover con una cuchara de madera sin parar hasta que quede bien integrada, homogénea, lisa y sin grumos.. Dejamos reposar la masa en el mismo cazo fuera del  fuego unos minutos.

Una vez pasado este tiempo, volveremos a poner el cazo en el fuego medio, e iremos añadiendo los huevos uno a uno sin dejar de batir entre cada uno de ellos, hasta que la masa los haya integrado completamente. Sabremos que está lista cuando veamos que se despega del cazo y nos queda bien seca.
Ponemos a calentar a fuego medio una sartén con abundante aceite. Para formar las bolitas podéis hacerlo con la ayuda de dos cucharillas, o como yo lo hago yo, metiendo la masa en una manga pastelera de boquilla redonda y lisa y ayudándote de las manos untadas en aceite para redondearlas antes de echarlas al aceite. Las echamos a la sartén en cantidades pequeñas ya que hay que tener en cuenta que van a doblar su tamaño. Ellas mismas se irán dando la vuelta cuando ya están fritas por uno de los lados. Vigilad que no se os quemen (tened en cuenta lo que os he dicho antes sobre la temperatura del aceite). Cuando estén dorados los vamos sacando a un papel absorbente y en seguida vamos rebozando con azúcar (y canela si os apetece).
Finalmente los rellenaremos de lo que más nos guste, haciendo un pequeño agujero con la punta de la boquilla de la manga pastelera. Crema pastelera, nata montada, chocolate…..imaginación al poder y el gusto de cada uno!! Espero que os animéis aprobarla y a servirlos en cualquier merienda o postre de familia y amigos, triunfaréis seguro!